Siendo infiel en Encuentroadulto.com

Pasa que de pronto un día sin que te lo plantees ni te des cuenta ya estás en la cama con otra. Un bombón de los que siempre habías soñado. Eres un hombre casado, con un horario de oficina. Tu vida es estable. Nunca imaginaste que terminarías siendo protagonista de una página destinada a las infidelidades como encuentroadulto.com, donde hay gente como http://www.wikicitas.es/encuentro-adulto/

Las páginas de citas son un reclamo para la gente que busca aventuras extramatrimoniales, y prueba de ello es el creciente número de personas que las utilizan cada día en busca de una segunda relación.

Pasando a la acción

 

Cuando te registras empiezas a conocer a una mujer que te llama mucho la atención. La mujer que se ha convertido en tu amante dice haber cortado con su pareja, por tanto el hombre problema eres tú. En cualquier caso ella ha aceptado seguir adelante. La circunstancia de como os conocisteis ha sido de lo más rara. Viste su foto por casualidad y empezó a llamarte la atención. La comunicación surgió por una tontería.

Tú eres un hombre casado y no dejas de pensar en esa otra mujer que acabas de conocer en Internet, incluso estando en casa. Quieres volver a verla pero al mismo tiempo esperas no volverla a ver. ¿Qué decirle? ¿Para qué hablarle? Ocupas el fin de semana pensando en ella. Y dado que tu mujer te hace cada vez menos caso, mejor, porque pasas desapercibido como una hormiga. Tu mujer y tú viven juntos bajo el mismo techo desde hace 20 años. Están casados. Pero en todo ese tiempo la relación ha tenido sus altibajos. Ha habido veces que la relación ha estado a punto de romperse.

En 20 años es normal que algo así pase. Muchos de tus amigos ya ni siquiera están casados. La palabra divorcio se ha generalizado en casi todos. Y en los que no, la palabra infidelidad ha sido reemplazada por la palabra pasármelo bien. Ellos saben como pero a ti no te había gustado. Tú estabas bien en tu salón viendo la tele con tu mujer. De verdad: estaba todo bien hasta que conociste esa mujer en el supermercado. Encantadora. Sensual. De esas que de preferencia uno no quisiera ver más en la vida para no sentirse tentado. O para no sentirse ridículo, y vas tú y luego la vuelves a ver en el gimnasio. Una tentación. Es en lo que se ha terminado por convertir ella. Te saluda. La saludas.

Intercambias breves palabras, muy breves porque eres respetuoso y porque no te gustan demasiado los cambios hasta que de pronto un día es ella la que da el primer paso. Como era de esperarse fueron pretextos. La rueda que cambiaste de su coche. El café y el cuadro que quería colgar en el pasillo de su apartamento. Terminaste en la cama con ella. Gozaste como hacía mucho que no habías gozado y por un momento quisiste no ser un hombre casado, el sentimiento de culpa te pasó por la cabeza pero no como para hacer un drama por lo que te había ocurrido. Ahora tienes dos mujeres: la oficial y la amante. Sientes que formas parte de un colectivo de hombres adultos que encuentran satisfacción en la variedad. Que no se resignan a vivir de manera monótona y aburrida. Que son enemigos del sofá. Pero no te has divorciado. Tú lo que eres es un hombre casado.

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